Jurados y Premios
Jamás he conseguido entender las jornadas participativas de textos literarios concursando en pos de un premio y los jurados consecuentes al organigrama de aquellos encargadas de dictaminar lo que vale y lo que no vale. claro no lo he entendido porque algo en mi me empuja en la dirección contraria a la convocatoria de evaluación. Un jurado es un instrumento que agrupa a un conjunto de gente de supuesta finura objetiva y con suficiente preparación para el dictamen de trabajos inéditos. Está constituido pues por maestros de la letra, gentes éditas o expertos en la crítica literaria para poder emitir veredictos sopesados y razonados. Su número impar de componentes fallará por mayoría simple a favor de un primer premio, de un accésit y de unos innombrables. Afortunadamente para su cometido no se tendrá que encargar de una lectura cuantiosa de originales (¿siempre con toda la garantía, todos los componentes de un jurado leen todos los originales por entero?)ya que ni siquiera los concursos más suculentos generan masivas participaciones de autores que prueban su suerte. Muy bien tenemos una entidad-o varias-interesadas en una gala de este tipo y la promocionan y reactualizan en convocatorias anuales. el argumento es sólido:la promoción de nuevos valores y el descubrimiento de genios en bruto. es así como desde los escolares de primera instancia a los vecinos talludos con un algo de tiempo y un algo de talento se ponen manos a la obra para pretender un premio. El texto original que gana el interés del jurado proporcionará un futuro esplendoroso para su autor.El que pasa sin pena ni gloria por el protocolo de unas bases concursantes puede dejar una frustración y un séquito de emociones intraducibles para quien ha participado en el asunto.Para quien no era nadie antes del premio y lo es todo después del mismo al concedérsele alguna de las categoría de honor debe experimentar una cierta burla de los sentidos. ¿O acaso se creerá que lo suyo es mejor que lo presentado por otros participativos? Pero todo el mundo queda complacido cuando oye su nombre honrado en la boca de un personaje de autoridad. Todo el mundo espera una parentalidad que le aplauda su acto o su obra o su trabajo o su estilo o su comportamiento. el estudio sobre la tradición de los jurados y los certámenes literarios es un campo de interés de la psicosociologia que puede extenderse a toda aquellas efemérides autoprodigadas para el ensalzamiento de los que valen y el acicate para los que despuntan.Vivimos en un país de galas que mueve muchos dineros y pasiones al respecto.Las literaturas no están exentas de esas bajezas de la pasión humano que necesita el pistoletazo de las carreras de galgos y el chute de la dádiva para que alguna clase de gente mueva sus culos. A veces eso lleva a la hilaridad de encuentros esperpénticos[1] donde el premio es un insulto y la manera de concursar algo peor que un tatami de yudokas. Pasar por el protocolo de la plica y de la espera y de la entrega por quintuplicado de los textos originales forma parte de una farándula.Probablemente quien la siga la consiga, lo mismo que el jugador de lotería tiene más probabilidades de conseguir su premio que aquel que jamás compra su número de la supuesta suerte.
No me imagino a un bohemio hambriento que alcanzara el puesto afamado de los afortunados en ediciones miles, reciclado para puesto de tamaña envergadura como erudito de postín y salsa de lujo.Tampoco me imagino al bohemio pequeñoburgués haciendo cola para entregar su lírica a la entidad convocante de un premio, que le deberá sacar del anonimato.No hay jurado que pueda juzgar un texto ni premio que pueda igualar al sujeto que indaga pasiones cuya poética de la sensibilidad lo premia ya en sí misma por ser lo que es.
[1] Unos encuentros q se hacían en La Oca (Pl.Francesc Maciá de Barcelona)en torno a la etiqueta el Embrujo de Calíope por una trepa de las letras que hacia pagar para asistir a las reuniones y luego concedía togas, espadas y premios a los vencedores,simulaba el espacio al de cualquier cita de gladiadores ante los que siempre hay un cesar perdonavidas o un as autoridades que señalan qué muertos han de retirar de la arena.

