El poema dedicado/delicado
Elpoema dedicado. El poema delicado.
La reflexión acerca del escribir poético sigue el proceso discursivo alimentado por las pasiones. Las pasiones del alma que oscilan, se recolocan y encaraman siguiendo dinámicas propias a veces extrañas a la razón o más exactamente que no se supeditan a lo que determina el análisis. La mente fría y un spot decorativo de palabras gélidas no impiden que en otros registros interiores el Ser sienta por aquello que anhela y por aquel por quien lo centra como el eje de su vida. Descartes dice que las situaciones de bien o de mal, -aunque esa división sea muy basta y más propia en todo caso de su siglo XVII que no del nuestro-, depende de las emociones interiores y de un vaivén del alma que se excita por si misma[1] .En esos casos la reflexión no basta para creer que todos los eventos están encerrados en el uno mismo sino todo lo contrario, sus determinantes son buscadas en un otro sentimentalizado en el que el cuerpo y los sentidos hacen de caja de resonancia. El poema es un producto de una sentimentalidad. Es un resultado contextual que toma una forma textual. Es la expresión intimista por antonomasia. Lo cual no debe llevar a bajar la guardia por lo que hace a todas las instrumentalizaciones que pueda recibir a manos de estilistas y perfeccionistas de la forma que pueden escribir fórmulas gloriosas desde sus azufres infernales. A fin de cuentas el poema es la resultante de una combinación determinada de palabras que remite a una técnica.
Si surge como eclosión sentimental probablemente viene determinado por alguien, por un ser amado, o por algo, la naturaleza llamativa. Escribir una poema y dedicarlo en época escolar al objeto de conquista se había convertido en una conducta noble y extendida. Seguirlo haciendo a manos de magos de la palabra y de cortesanos tras damas ha quedado como una imagen de este género delicado en que cada palabra es más que buscada y rebuscada y donde su valor de impacto es estudiado. El poema dedicado es un poema explicado. Es una relación de campo entre quien ha determinado su creación y quien lo crea, entre el parámetro estimular de quien lo recibe y quien lo hace, entre quien es su primer, e incluso único, público y su autoría.
Quien queda fuera de esta relación privada puede quedarse a dos velas en su lectura o puede limitarla a la forma sin entender el valor al detalle de cada verso y palabra. Fuera de la delicadeza biunívoca entre quien lo recibe y quien lo entrega los demás quedan reducidos en el mejor de los casos a una lectura atenta y comprensiva y a lo sumo a un ejercicio de inferencialidad en el que se puede suponer la sentimentalidad ajena porque halla resonancias en la sentimentalidad propia.
La historia de la poesía también se nutre de miles o millones de poemas secretos que seres amantes y amados se han dedicado mutuamente y que por razones de poder nunca han sido dados a leer más allá de sus privacías. Cuando por razones extraordinarias saltan los límites de su clandestinidad y son dadas a conocer a los demás no están exentas de un cierto ultraje, del mismo modo que las publicaciones de las relaciones epistolarias nos convierten a sus lectores en espías de secretos. Esa condición la podemos satisfacer con justificaciones intelectuales y sin duda,por ella, accederemos a verdades de autores que de otro modo no sabríamos, pero eso no impide que tal condición de mirada signifique poner los ojos en aquellas cosas que habían sido hechas o dichas como asuntos privados.
Esto reintroduce el debate sobre el derecho público al arte cuando este nace y crece como acto privado. De negarlo nos quedaríamos con los museos vacíos y hasta algunos edificios palaciegos como el Taj Mahal cubiertos con lonas.Si solo se pudiera acceder a lo artístico pensado como acto de consumo público una buena parte de las obras de todos los géneros deberían ser descatalagodas.Por otra parte si el arte solo fuera concebido y creado en términos de divulgación y de producto de mercado perdería una gran parte de su valor. El arte tiene el factor de la privacía sentimental concretada en un objeto de querer. La musa aleteante o la figura humana próxima que lo hace posible pone el leit motiv por encima de los medios. No hay cemento, ni ordenador, ni estilográfica, ni condiciones de relax, ni materias, ni capitales que expliquen la obra artística si no se experimenta una necesidad interna de dedicación por algo y por alguien.
La estrecha conexión de delicadeza entre el poema dedicado y su figura receptora lo explica por encima de cualquier otra cosa. Sus versos crítpticos pueden ser explicados en un tú a tú o inferidos por quien estudie la obra de autor a la que pertenece un texto concreto. E independientemente de tal oportunidad el texto dedicado es un texto bipersonal, una marca biográfica, una declaración o un hito:la fijación de un recuerdo y de un hecho.

