La Selección de Originales
Para entendernos: partamos de la idea bastante consensuada de que un original es aquel texto creado por alguien que es de creación propia sin ninguna sospecha de plagio y que además es atractivo porque trata su tema propuesto bajo un ángulo distinto a los conocidos. Y discutamos sin más preámbulos ésta idea. Hay “originales” que cumplen esas dos condiciones y que sin embargo no nos sorprenden, nos saben a más de lo mismo, a repetitivos, a amañados. Un original para que lo sea -en unos tiempos en que ya todo ha sido dicho- tiene que sorprendernos, tiene que atraparnos con su magia.. Y eso ya no se consigue buscando temas extraordinarios , lejanos o exóticos (se ha escrito sobre casi todo) sino poniendo nuevas almas en viejos temas.
Las mismas verdades de siempre -y las mismas mentiras- necesitan distintas formas de ser expresadas.su los nuevos intérpretes´ de ellas copian a los viejos aunque cada una de sus palabras crea que es de su invención difícilmente puede aspirar a ser un apuntador de notas al margen de los libros. Bien es cierto que en el mundo de la mediática lo que catapulta de la glosa a la página central o de la marginación a la fama no es siempre ni la originalidad, ni el estilo ni la inteligencia, sino simplemente jugar las cartas apropiadas para uno convertirse en producto de consumo ,cultural o no. (no voy a entrar en atributos sutiles)..
El sujeto que crea textos puede quererlos como criaturas inviolables.Desde su subjetividad acaba de descubrir los placeres de las letras, el universo de la narración o el mundo fascinante de las palabras propias y propicias.El que los lee puede enfrentarse a un texto más, vulgar o anodino o incluso ilegible. ¿como pasar la pasión idenificativa del que lo crea al que lo lee? pregunta que acompañará a todo aquel que desee mantenerse en la creación y en su difusión que no tiene una respuesta única.
Para el productor de presuntos originales, la selección empieza por él mismo. Hay autores que primero cuantifican su producción y luego se esmeran en cualificarla seleccionando las palabras definitivas. Jesús Ferrero rescribió varios veces Belver Yin antes de darlo por bueno, por citar un caso y a Stephen Zweig se le atribuye que llegaba hasta suprimir el 50% de palabras de sus borradores antes de darlos por buenos.
Los poemas aún se juegan más que las prosas, porque en pocas palabras , alrededor de 100 o a menudo no más de 200 metidas en 20 o 30 versos hay que construir varios efectos:
1. la traslación de un mensaje subjetivo al campo de interés de lo público representado por la mirada y lectura del lector.
2.La carga de música suficiente para que las palabras organizadas en ese breve texto se sostengan por si mismas sonando bien y creando un impacto emocional
3.La claridad expositiva mínima para no tener que explicar ni antes ni después del texto su intención de significado incluso en estados de semánticas crípticas.
4. La independencia de las frases hechas y las alusiones prefabricadas evitando que quien lo crea no pase de ser un eco de fetiches culturales.
y 5.dotar al texto de un valor personal más allá del momento en el que fuera inspirado.
Pero la mayoría empezamos a escribir atrapados por momentos en que no tenemos otro modo de decir las cosas que en una estrofa que concentre todo un dolor o todo una vivencia circunstancial. Luego al repasar los textos al cabo de los años si fueron escritos adecuadamente tienen la función de fijadores de la memoria y rescatadores de temas individuales viejos para su actualización en memoria.
el estilo es otra cosa, posiblemente lecturas posteriores al cabo de los años pedirán remendos y correcciones e introducciones de otra palabras aún no conocidas en aquella época.
A veces esas relecturas no están exentas de sentimientos de vergüenza que llevan a ataques de selección que se convierten en verdaderas quemas de lo coleccionado por vergüenzas de estilo o declarativas.
Lo mismo puede sucederle a quien recibe los textos de un amigo o de un/a solicitante de publicación que puede enfrentarse con estrofas poco elaboradas, con arritmias que rompen la estructura o con contenidos irrelevantes. ¿qué hacer en estas situaciones? Si la selección no ha sido hecha en las alforjas de los manuscritos, la heteroselección, la selección del otro, acaba por imponerse en una fase u otra de este proceso.
Así como todo lo escrito no es arte,(tampoco todo lo pintado lo es, ni todo lo hecho es ingeniería) no todo lo que se escribe para ser leído por un otro es publicable. En realidad el mundo editorial tiene un elevado porcentaje de cosas publicadas que no han justificado ni siquiera su gasto en papel y otros materiales esquilmando lo recursos de la naturaleza para complacer los egos de unos autores y los intereses de mercado de sus editores.
La selección de originales empieza desde la misma dimensión creante.el acto elaborativo es ya un proceso psíquico de ordenación de ideas y selección de palabras.si aún así esos filtros de autor no impiden la fabricación de temas poco o nada impactantes, sin duda le tocará hacer una selección a quien ofrece su barco para llevarlos a alta mar, incurriendo este nivel en la contradicción curiosa de por una parte alentar a la escritura y por otra no aceptarla toda. ¿Estamos ante dos chocas de subjetividades interpretativas sobre la calidad de un texto? ciertamente quien tiene el medio de publicación no tiene más razón que quien le envía a aquel un original como plataforma para su difusión.su diferencia es que el uno tiene el medio y el otro lo solicita.quizás por eso, hay tantas autoediciones en el mercado, dadas las dificultades de conseguir que alguien preste la mirada y los recursos a lo trabajos de cada autor nuevo que puede creer aportar algo muy exquisito.
Cada texto original o presuntamente original no publicado puede ser un reves para quien lo crea. También un motivo de su reconsideración.También lo es para quien no puede incluirlo en su selección ya que es posible que se pierda a alguien en la cantera de los inventores de palabras.Aún así ese es el juego de las letras.Lo contrario:publicarlo todo sería una falsa democratización de las participaciones por temor a adoptar la negación como instrumento de vínculo y de mejora con la creación.

