Composiciones del Desgarro
He demorado un cuarto de siglo colmado empezar a repasar mis viejas carpetas que custodiaban cientos de poemas viejos. Esa demora ha estado disfrazada -más que excusada- por las otras actividades existenciales que enmascaraban una cierta aprehensión a repasar las experiencias que viví. Intuía, y he podido comprobar, que chocaría con textos desgarradores, poemas de la tristeza, construcciones sobre la falta, heridas por pertenecer a los hermanos de la nada.
Aunque esa comprobación no ha sido tan dura como pensaba.
Entre cientos de textos que han usado por soporte toda clase de papeles: recibos de changes en los bancos, billetes de tren, entradas de museos, hojas sueltas de libretas, bills de restaurants,donde la potencia de un impulso quedaba imprimida por la mano del grafo y el alma que no podía esperar decirse a si misma, he podido rastrear mi ser y mi pasado. No ha sido tan terrible. He accedido a la rémora de un dolor extinto por aquellos momentos ahora induplicados.El pasado pasado es.
Entre cientos de textos mezclados y envalentonados por la fuerza del borrador que no pide nota discurre mi personalidad que todavía me hace y me da el sustrato suficiente en el que hacer descansar una conciencia granítica. Intuía, y también he comprobado, que los textos eran versados de expresión libre sin flirtear con estilísticas o con normas, sin esperar el permiso de la filología y sin ni siquiera desear complacer a la lingüística.Una vez redescubiertos me ha tocado corregirlos. La corrección siempre produce un texto distinto al de partida y estoy contento con la mejora.
Empezaba así un reto:el de hacer un trabajo sobre el trabajo hecho acumulado durante décadas y el de asistir con la mirada autocrítica sobre mi mismo en la producción de versos, algo que desde antiguo, era solo concedido a las plumas más insignes de la lengua de una cultura. Mientras otras prosas y elaboraciones eran lícitas, la poesía podía entenderse como pulsión adolescente u osadía del adulto que no admite acatar su puesto de quinto sin talento formando en las filas de la ignorancia.
Lo cierto es que las lecturas de autores sublimes con el sonido de sus palabras que te envuelven de cielos no me quitó las ganas de escribir lo propio aún reconociendo mi poca conexión con sus literaturas elevadas.
En la actualidad el trabajo de rescate de los poemas manuscritos de antaño justificó su pre-edición en bohemiabis o como materiales de aportación a sus páginas (a menudo como única aportación) y ha tenido también un segundo efecto, el de volverme a instalar en la energía del versaire o del trobador para volver a crear -no con la producción de otras épocas desde luego-textos en clave de verso dejando que sean otros los que los califiquen de poemas o de antipoesía.La cuestión es que me placen indistintamente de la categoría por la que finalmente sean vividos, si por alguien son leídos con pasión, tiempo libre y entereza, que de las tres cosas necesitan las lecturas con tiento.
A la distancia de ahora pareceria que todo lo que convocó a la palabra amarga ya había desaparecido.En parte es así y en parte la objetividad que la sustentava sigue prevaleciendo.
Me apresuro no obstante a ponerla en el universo de los dígitos proponiendo su prevalencia a los impulsos binarios y lo hago para alcanzar las letras minusculizadas manuscritas en un momento biográfico en el que mi vista comienza a desfallecer.
Sé que si no hubiera vivido el desgrarro no me habría hecho compositor de textos en clave poética,con todas mis licencias de des-rimación y arritmias múltiples. Dejo para las lecturas de miradas desconocidas que pongan en su sentimiento lo que yo no acerté a poner en mis palabras buscadas.

