Consumo de Actualidad.
Definición de Actualidad: panorama espectacularmente activo repleto de actores y decorados de farándula que está en continuo movimiento para no cambiar realmente nada del mundo en el que se está. Definición más simple: la actualidad es el espectáculo holográfico que nos envuelve en primera persona haciéndonos creer que el mundo evoluciona tragándonos las golosinas de las pasarelas o los dramas noticiados del día a día. Vale, vale, lo intentaré una vez más. Definición algorítmica: la actualidad es un paquete de noticias ordenados en función de los índices de su expectación en las que lo menos relevante es las verdades del mundo del que se hace eco. Reconozco mi fracaso en dar con una definición óptima y aún menos consensuable. La ecuación más simple es decir que actualidad es igual al coyunturama de cada momento y punto. No es lo mismo que decirlo así: actualidad es lo que hay. No, la actualidad es aquella parte de la realidad que se noticia y no siempre reflejándola en su autenticidad. Lo actual es lo que está en las bocas y en los oídos. Lo perecedero, por el contrario, aquello que ha pasado al archivo del pasado o que queda anestesiado sine diem de devolución o recuperación para el estado presente. Los urbanautas, sobre todo, nos preciamos de estar al día de los sucesos, de lo que corre, incluyendo las bolas, de lo que se dice y desdice, de los ataques aquí y allá, de los puntos calientes del planeta o de los locales más afamados o de moda. La actualidad es una proveeduría impresionante de informaciones, No hay día que no haya sucesos a los que hincar el diente, enfocar los objetivos de las cámaras y hacer correr los dígitos para escribir sobre ello. Un ejército de millones de personas cada cual en su puesto público –generalmente- pero también anónimo no para de surtir noticias para su consumo para el resto de la especie. ¿Qué haría la humanidad sin poder devorar noticias durante un día entero? Quizás un síndrome de desertización paralizaría las mentes o tal vez la gente se pararía a pensar u digerir todo lo que lleva consumiendo. Millones de ítemes, datos y anécdotas ocupan la memoria colectiva. Todo ese saber bancario de referencias a veces es un enredo prodigioso para tapar otras cosas de las que no se hace noticia. La noticia es lo que vende, seguro que eso lo ha definido algún gran periodista. Chesterton definió el periodismo como el arte de informar a todo el mundo el deceso de alguien que le es perfectamente desconocido y explicarle quien era ese alguien. La noticia si no existe se inventa o se crea. A fin de cuentas un periodista tiene alma de novelista y es enviado a hacer reportajes para mantener al corriente de sucesos vitales a los ciudadanos. Su deseo de escribir tal vez le llevaría a las antípodas profesionales buscándose una isla desierta y creando maravillas con su imaginación. Soy el menos indicado para hacer de crítico del periodismo. Mi experiencia de periodista fue escasísima, pero suficiente, en la redacción de una revista local[1] en una ciudad provinciana para advertir que lo menos importante para ella era el comentario, la reflexión o la interpretación. No superé su austeridad y apego con el dato simple y no continué colaborando. Pero sí me arrogo el derecho a criticar el tratamiento que recibo de las noticias en tanto en que formo parte de su consumismo. La condición de consumidor ante cualquier producto que adquiere es la de averiguar si aquello que ingiere es aceptable para su salud. Las noticias también son productos ingeribles y a fuerza de masticarlas sus consumidores nos convertimos en especialistas facultados para distinguir entre ellas y lo que son en su amplio arco que va de las revelaciones-bomba a las falacias engañabobos.
Las noticias son las unidades que integran una actualidad. Redefinida en un cuarto intento propongo lo siguiente: la actualidad es una productora imparable de noticias que centran la atención pública en aquello que tiene más caché de interés quitándosela a otros asuntos comparativamente más importantes para la humanidad o para un país. Sin impugnar las tres definiciones anteriores a ésta opino que esta es la más fácil de entender y menso discutible.
La actualidad es una de tantas trampas asociada a la vida humana. Aparentemente estar al día de lo que dicen unos y otros en el gremio político, de los socavones del AVE, del inventario de agresiones callejeras o domésticas, de las protestas y de las giras de los famosos es un indicador de conocimiento y de cultura general. Vivir en sociedad tiene sus obligaciones; las de enterarse de por donde van los tiros. Sí, hay que estar al corriente de las anécdotas, de los sucesos, de la última declaración de tal o cual, del último veredicto. Todo eso demuestra formar parte de los acontecimientos, ser individuos vinculados a sus circunstancias. Pero a fuerza de estar al día de cada día se puede perder el oremus de tener una visión panorámico-histórica de los miles de días anteriores, no en sus detalles o corte uno a uno, sino en su trayectoria. La conciencia es aquella facultad intrínseca de las personas que nos permite estar por encima del acontecimiento coyuntural para reinterpretarlo según su lugar de ubicación en un proceso histórico encadenado.
El desarrollo de la conciencia social, la que es necesario tener acerca de los ejes fundamentales de la/s sociedades en las que vivimos, está pasando por las pautas del a cibernáutica interactiva.
La democracia electrónica actual viene recogiendo en tiempo real un torrente de opiniones, informaciones y análisis de los que la democracia institucional no puede prescindir. Actualmente hay más saber circulando en la red internáutica que en los medios audioinformativos y en los ecos periodísticos. El perfil del lector futuro –que ya se está en pleno diseño- dispuesto a saber a qué juegos juega en el mundo en el que vive no dejándose engañar por los sesgos mediáticos coyunturales pasará –está pasando ya- por la navegación continua por la triple dobleuve. Vertiginosamente un nuevo paradigma de la conciencia se está creando, el de la ciberconsciencia de cuyo mimo depende el éxito de las verdades en el mundo entero. Mientras tanto los instrumentos legislativos y ejecutivos del poder no podrán evitar ser las cajas de resonancia de las demandas sociales que por doquier se están vehiculando y divulgando a la velocidad de la luz.
Ciberconsciencia es el proceso internáutico continuo del pensamiento circulante en todas las latitudes, continentes y lenguas contributivo de una humanidad madura en un mundo justo. Mientras que la Actualidad cumple el cometido de la distracción permanente tras la captura de cada dato concreto, la ciberconsciencia toma distancia de esa amplificación para no perder de vista la inserción de cada detalle en un mundo macro que sigue esperando ser regirado para dar paso a las aspiraciones históricas de una realidad mejor.

